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Terra
La Coctelera

Oh Fortuna....

Oh, Fortuna,
Al igual que la luna
Tu cambias constantemente,
Siempre creciendo
Y decreciendo;
Vida detestable
Que ahora oprime
Y luego restablece
La agudeza de la mente;
La miseria,
El poder,
Como la nieve los disuelve.

O Fortuna
velut luna statu variabilis,
semper crescis aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat et tunc
curat ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem dissolvit
ut glaciem.

Princess

El amor es cosa extrana tan misteriosa como sublime tan

El Amor es una cosa extraña,
tan misteriosa como sublime; tán capaz de bañar nuestro rostro entre
las rosadas nubes del atardecer, como de hundir nuestro espíritu en la
miseria más abyecta y desolada.

El Amor
nos arrebata, nos abstrae de toda reflexión, nos eleva por encima de
todas las virtudes filosóficas de las que tanto nos enorgullecemos.
Pero el dolor es distinto, al contrario que el amor,
su copa se bebe lentamente. Mientras que el éxtasis de la pasión
arrolla nuestros sentidos, consumiendo cualquier otra actividad en la
contemplación absorta del ser amado, la pena y la desdicha nos arropan entre sus lívidos dedos; haciendo que cada segundo se convierta en una sutil tortura.

En este hermoso poema, John Donne nos relatará los avatares y las desdichas de un corazón, que como el de todos ustedes, alguna vez estuvo rigurosamente roto.


Corazón Roto.

Demente está quien afirma
haber estado una hora enamorado,
mas no es que el amor así se desvanezca,
sino que, de hecho, en menos tiempo os puede devorar.
¿Quién osará creerme si juro
haber sufrido un año de esta plaga?
¿Quién no se reiría de mí si yo dijera
que vi arder todo un día la pólvora de un frasco?

¡Ay, qué insignificante el corazón,
si llega a caer en manos del amor!
Cualquier otro pesar deja sitio
a otros pesares, y para sí reclama sólo una parte.
Vienen hasta nosotros, pero a nosotros el Amor arrastra,
y, sin masticar, nos absorbe.
Por él, como por el infame hierro, tropas enteras caen.
Él es el esturión tirano; nuestros corazones, la morralla.

Si así no fue, ¿qué le sucedió
a mi corazón cuando te vi?
A la alcoba traje un corazón,
pero de ella emergí vacío, desolado.
Si contigo hubiera ido, sé
que a tu corazón el mío le habría enseñado
la compasión.
Pero, ¡ay!, Amor, de una herida lacerante la felicidad
se ha quebrado.

Más la Nada en Nada puede convertirse,
ni sitio alguno puede del todo vaciarse,
así, pues, pienso que aún posee mi pecho todos
esos fragmentos, aunque no estén reunidos.
Y ahora, como los espejos rotos muestran
cientos de rostros más menudos, así
los añicos de mi corazón pueden sentir agrado,
deseo y adoración,
pero después de tal Amor, jamás volverán a amar.

Intro....

Observando la trama de la poesía desde la mayor simplicidad, que con frecuencia suele ser la mejor manera de observar, podríamos argumentar que todos los poemas son tristes, ya que todo recuerdo es triste. Incluso la evocación de un momento de felicidad sólo sirve para recordarnos que ese instante ha pasado, y aunque podamos encontrar consuelo en sus ecos, jamás volverá a repetirse en sus infinitas sutilezas.


Ahora bien, la soledad es uno de los estados menos deseables, y el que más a menudo suele atormentar a cualquier persona sensata. La tristeza y el abatimiento ante la idea de una soledad

La poesía es una pequeña revancha que el hombre se toma contra su mortalidad, y John Keats, ese oráculo de la poesía romántica, es quien mejor ha sabido esgrimirla ante la soledad. pegajosa, ensañada cruelmente con nosotros, sólo son reflejos de un dolor más profundo, cuyo rostro tiene un detalle particular para cada uno de nosotros, y un consuelo que es común a todos: el arte.